Los psicópatas (segunda parte)

EL IMPACTO DE LAS PERSONALIDADES DE LA TRIADA OSCURA EN SUS RELACIONES PERSONALES

EL MALTRATO PSICOLÓGICO

La mayoría de las personas cuando escucha la palabra psicópata, cree erróneamente que se trata de ese asesino despiadado que tantas veces queda reflejado en películas y series de televisión. Estamos inmersos en una sociedad muy mediatizada por los estereotipos que presentan a este tipo de individuos, sobre todo a través del cine y la televisión. Sin embargo, no es así. Muchos de estos psicópatas están integrados en nuestra sociedad, están entre nosotros y pasan totalmente desapercibidos, porque muchos de ellos no cometen ilícitos visibles.

De hecho en muchos casos la psicopatía está socialmente aceptada como un compor-tamiento adecuado, sobre todo en determinados ámbitos laborales. Sin embargo el impacto que las personalidades psicopáticas puede tener en la vida diaria es muy preocupante a la vez que destructiva. Se trata de personas que cumplen con los requisitos de la psicopatía pero que no se involucran en conductas delictivas. El perfil psicosocial del psicópata sub-clínico es fácil de establecer; lo que no resulta sencillo es identificarlos sin utilizar las herra-mientas adecuadas que actualmente han sido validadas a nivel internacional.

Los conceptos actuales de psicopatía tienen su origen en el trabajo de Hervey Milton Cleckley llevado a cabo en los años cuarenta. Cleckley determinó que la psicopatía es un conjunto de rasgos afectivos, interpersonales y comportamentales que se caracterizan por la ausencia de nerviosismo, insinceridad, incapacidad para amar, ausencia de culpa o re-mordimientos y una carencia general de reacciones afectivas. La hipótesis principal de H. Cleckley en relación a este tipo de psicópatas es que presentan un déficit afectivo al que denominó AFASIA SEMANTICA: es decir es capaz de sentir emociones solo a un nivel muy superficial.

En los años 80 Robert Hare utilizando los criterios de Cleckley creó un instrumento de evaluación denominado PCL (Psychopathy Checklist) y desde ese momento la psicopatía pasó a entenderse como un trastorno de la personalidad compuesto por dos factores:

FACTOR I (interpersonal/afectivo): abarca rasgos de personalidad como grandiosidad, cruel-dad, falta de empatía (falta de empatía emocional, ya que si disponen de empatía cognitiva), falta de culpa y de remordimientos, frialdad emocional y una gran capacidad para manipular a los demás.

FACTOR II (desviación social): este se refiere más a un comportamiento antisocial, que se describe como un patrón de comportamiento inestable, impulsivo y de gran versatilidad criminal.

Tradicionalmente se ha estudiado este trastorno de la personalidad en población peniten-ciaria, puesto que se tiene un fácil acceso a la muestra y es donde más probabilidades hay de encontrar psicópatas. Sin embargo, no todos los sujetos con rasgos y conductas psi-copáticas están en prisión. El grupo de sujetos que no han llevado a cabo conductas delic-tivas y por lo tanto no han entrado en ningún momento en contacto con el sistema judicial, son los psicópatas subclínicos o los psicópatas integrados en nuestra sociedad. El término subclínico se refiere simplemente al hecho de que estos sujetos nunca han ingresado en pri-sión, no que no tengan los rasgos necesarios para ser considerados psicópatas. La variedad subclínica de este tipo de personalidad es mucho más habitual que la clínica o la jurídico forense y vive integrada en nuestro entorno cotidiano entre todos nosotros, pudiendo encon-trarlos en despachos, grandes empresas y multinacionales, ámbito de la política, finanzas, es decir: en cualquier ámbito de nuestra sociedad y muy cerca de nosotros.

La diferencia fundamental entre los psicópatas criminales y los psicópatas no criminales es la concreta comisión del ilícito penal (robo, prevaricación, delito fiscal, agresión sexual, homicidio) puesto que ambos tipos de psicópatas tienen la misma estructura básica de per-sonalidad y emociones siendo diferentes en la vertiente conductual: unos son antisociales y delincuentes y otros no. Así desde el punto de vista jurídico forense tenemos el concepto de psicopatía criminal y la diferencia con la psicopatía subclínica radica por lo tanto en su vertiente conductual. En la siguiente tabla podemos ver los rasgos psicopáticos según la perspectiva de H. Cleckley (psiquiatra norteamericano) y Robert Hare (psicólogo forense canadiense).

Psicópata subclínico (Harvey Milton Cleckey 1941,1976)

  • Encanto superficial y notable inteligencia.
  • Ausencia de alucinaciones y otros signos de pensamiento irracional.
  • Ausencia de nerviosismo y/o de manifestaciones psiconeuróticas.
  • Indigno de confianza.
  • Falsedad o insinceridad.
  • Incapacidad para experimentar remordimiento o vergüenza.
  • Conducta antisocial sin aparente justificación.
  • Falta de juicio y dificultades para aprender de la experiencia.
  • Egocentrismo patológico e incapacidad para amar.
  • Pobres reacciones afectivas.
  • Pérdida específica de intuición.
  • Insensibilidad en las relaciones interpersonales ordinarias.
  • Conducta exagerada y desagradable bajo el consumo de alcohol y, a veces, sin él.
  • Amenazas de suicidio constante pero raramente consumadas.
  • Vida sexual impersonal, frívola y poco estable.
  • Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.

Psicópata criminal (Robert Hare 1991,2003)

  • Locuacidad y encanto superficial.
  • Sentido de autovaloración grandilocuente.
  • Necesidad de estimulación y propensión al aburrimiento.
  • Mentira patológica.
  • Estafador, engañador y manipulador.
  • Ausencia de remordimientos y de sentimientos de culpabilidad.
  • Afecto superficial.
  • Insensibilidad, crueldad y falta de empatía.
  • Estilo de vida parasitario.
  • Pobre control de la conducta.
  • Conducta sexual promiscua.
  • Problemas de conducta en la infancia.
  • Incapacidad para establecer metas realistas a largo plazo y aprender de la experiencia.
  • Impulsividad.
  • Irresponsabilidad.
  • Incapacidad para aceptar la responsabilidad de sus actos.
  • Relaciones de pareja frecuentes y breves.
  • Delincuencia juvenil.
  • Revocación de libertad condicional.
  • Versatilidad criminal/delictiva.

RASGOS DEL PSICÓPATA Y SU RELACION EN PAREJA

Los psicópatas tratan a los demás como meros objetos, cosifican a las personas y actúan siempre en su propio beneficio. Sus marcas de identidad son el engaño, la mentira, el des-precio por los demás, y su falta de empatía. Su personalidad se caracteriza por su locua-cidad, su gran encanto superficial, un exagerado sentido de su propia valía, un marcado egocentrismo, una continuada manipulación de los demás y su incapacidad para establecer relaciones afectivas con los demás (Hare, 1984; 1993).

Tienen tendencia hacia la grandiosidad, la insensibilidad emocional, la manipulación y la dominación así como una alta autoestima y frecuentemente son encantadores y divertidos, peo también son impulsivos y astutos. Sin embargo su principal problema es su falta de empatía: cuando a una persona no le importan en absoluto los sentimientos de los demás ni repara en las consecuencias negativas que su conducta puede provocar en ellos es evidente que este sujeto no mostrara escrúpulos para hacer lo que él quiera y cuando él quiera, si con ello logra sus fines que siempre estarán enfocados a conseguir beneficios concretos de diversa índole: sexuales, económicos, posición social, prestigio académico, reconocimiento ante terceros, ascensos profesionales, protagonismo mediático etc.

Sus conductas se basan en el engaño y en la desconsideración hacia el resto de personas, llevando a cabo actos que no les generan el más mínimo remordimiento sino tan solo indiferencia hacia el sufrimiento emocional que sus actos provocan en los demás (Goleman 2006). Pueden destacar en la competencia de la cognición social teniendo una comprensión exclusivamente intelectual de las reacciones interpersonales y de las normas que rigen la convivencia en sociedad lo que juega a su favor, puesto que puede manipular mejor a sus víctimas ya que en el plano emocional, es decir en la comprensión empática y de los sentí-mientos es donde fallan (Cleckley 1976; Wai y Tiliopoulos 2012).

La agresión física es fácilmente detectable debido a que los signos externos de dicha agresión son observables, pero el maltrato psicológico no es tan evidente de cara a su de-tección. El maltrato psicológico es una violencia invisible y es cualquier conducta, física o verbal, activa o pasiva, que atenta contra la integridad emocional de la víctima en un pro-ceso continuo y sistemático (Loring 1994) con el fin de producir en la víctima intimidación, desvalorización, sentimientos de culpa y sufrimiento. Este maltrato psicológico puede con-sistir en humillaciones, descalificaciones o ridiculizaciones (tanto en público como en priva-do), negación de sentimientos, falta de apoyo hacia su pareja y falta de empatía, comen-tarios de infravaloración, conductas de no reconocimiento del éxito personal y profesional de su pareja, aislamiento social y económico de la pareja frente al resto del grupo e incluso puede llegar a provocar daños en propiedades de la víctima.

Los psicópatas subclínicos son propensos a involucrarse en conductas sexuales de ries-go y a emplear tácticas coercitivas para obtener sexo, incluyendo el uso de drogas o actos de intimidación física o verbal. Esto último indica que los psicópatas utilizan el miedo y otras tácticas de manipulación para dominar y controlar a sus parejas.

Emplean su característico encanto superficial, locuacidad, sus habilidades manipulativas y demás rasgos que le caracterizan para conseguir tener otras relaciones incluso teniendo pareja estable. Este tipo de psicópatas/narcisistas utilizan diversas tácticas tanto para cazar potenciales parejas como para quitarles la pareja a otros que les sirvan de relaciones breves y superficiales (tácticas de caza furtiva), como tácticas para la retención de estas parejas durante un tiempo más prolongado con el objetivo de obtener beneficios aun siendo infieles (tácticas de retención de parejas).

Tienen altos índices de impulsividad y asunción de riesgos. Buscan de modo constante la novedad en sus vidas y de ahí que tengan más parejas sexuales y un estilo de empare-jamiento menos restrictivo, siendo infieles a la persona con la que han llegado a un compromiso.

El perfil cognitivo conductual del psicópata subclínico es multifacético. Mienten de forma brillante, en muchas ocasiones por el puro placer de hacerlo sin que haya nada obvio que ganar y habitualmente aparentan ser encantadores. Sin embargo esa capacidad de fascinar es su medio para captar el interés de potenciales parejas/víctimas: no hay nada humano detrás de esa máscara. Atacan emocionalmente a sus parejas buscando erosionar su autoestima y avergonzarlas, todo ello con el fin de aumentar el grado de control y su poder sobre ellas, y sobre todo por el mero placer de hacer daño. El psicópata subclínico no quiere en absoluto a su pareja. Solo se quiere a sí mismo.

EL MALTRATO PSICOLÓGICO: UNA VIOLENCIA INVISIBLE PERO DETECTABLE

Como ya hemos dicho una agresión física es fácilmente detectable debido a que las consecuencias de dicha agresión son observables directamente en la víctima, pero las manifestaciones del maltrato psicológico no son tan evidentes de cara a su detección. Algunos indicadores (amenazas, insultos, humillaciones, críticas…) hacen el maltrato más obvio pero otros como la manipulación de la información o la desconsideración de las emociones son más sutiles. El abuso psicológico es más difícil de identificar y evaluar que el resto de formas de violencia de modo que su severidad ha de ser estimada en función de la frecuencia con la que se da (delito continuado) como del impacto subjetivo que supone para la víctima.

El concepto clave es el de patrones de interacción coactiva que trasladado al ámbito de la psicopatía se trata del denominado ciclo de manipulación psicopática (Hare 1993; Babiak 1996; Garrido 2004; Marietan 2001; Pozueco 2010) un ciclo coactivo-manipulativo en el que la violencia psicológica en sus más diversas manifestaciones, es el modus operandi.
Este ciclo se compone de 4 fases:

Fase de acecho y seducción (Love bombing). En esta etapa usa la gran capacidad que tiene para encontrar y analizar los puntos débiles de los demás y fijar objetivos. Aborda a esa persona y la seduce a través de mentiras y su locuacidad creando así una falsa imagen de su persona ante ella. Generalmente busca personas con debilidades y propensas a caer en sus engaños.

Fase de aislamiento y cosificación de la víctima La cara amable y seductora del psicópata narcisista va desapareciendo y aparece una actitud constante de aprecio/menosprecio (Refuerzo intermitente) buscando un solo objetivo: la dependencia de la víctima. Con ello busca separarla de aquellas personas que puedan servirle de apoyo y solo le quede él. Además está la tendencia a cosificar a la víctima, tratarla como un objeto lo que se realiza a través de la humillación (Devaluación). Otras técnicas son la Luz de Gas, el Tratamiento silencioso y la Triangulación. Esto crea una gran confusión en la víctima ya que al verse aislada recurre a la dependencia hacia el maltratador (Síndrome de Estocolmo). En este momento es cuando el psicópata logra su meta más importante.

Fase de explotación: la fase anterior se intensifica y las agresiones son mayores, más gra-ves y continuadas. Aumenta el menosprecio hacia la víctima desapareciendo casi por com-pleto las muestras de aprecio. Usa las pocas muestra de afecto/aprecio para volver a atraer a su víctima que encontrándose en estado de confusión (Disonancia cognitiva) vuelve una vez más a creer sus mentiras y a confiar repitiéndose el ciclo (Indefensión aprendida). Es en esta fase donde la víctima acaba comprendiendo la situación que está viviendo, siendo ella la que tome la decisión de quedarse dentro del círculo vicioso o alejarse.

Fase de descarte/liberación. Uno de los dos abandona la relación. Si es el maltratador, es el llamado Descarte. En esta situación lo más habitual es que con el tiempo el psicópata siga intentando mantener el contacto con la víctima y la acose, tratando así de que vuelva a entrar de nuevo en el ciclo (Aspiradora o Hoovering).

Algunas precisiones de términos empleados:

Luz de Gas (Gaslighting): Es sin lugar a dudas, el método más cruel de manipulación y maltrato psicológico. La técnica de la Luz de Gas requiere su tiempo: consiste en sembrar la duda en la mente de la víctima, que dude de sus percepciones e incluso de su salud mental. Cambia fechas y horarios que la víctima sabe que son ciertos, niega hechos que está segura que ocurrieron, cambia las cosas de lugar, etc.La víctima termina dudando de su propia percepción y acepta como verdadera la percepción de su maltratador, que es una realidad inventada. Deja de ser ella misma para ser una marioneta en manos de un ser cruel que la controla absolutamente.

Triangulación: Una de las estrategias de manipulación favoritas de los psicópatas/narci-sistas es la triangulación. La triangulación consiste en introducir terceras personas, reales o ficticias, en medio de una relación a fin de manipular y controlar a la víctima haciendo que se sienta insegura, celosa, desvalorada. Además de generar celos en la víctima, contiene un mensaje, tu ya no eres mi único referente ni la única persona especial que hay en mi vida. La persona que lo sufre es comparada y desvalorizada. El corazón de este juego maligno es hacer sentir a la víctima que es menos, que es inferior, en suma, minar su autoestima.

Reforzamiento intermitente: Es un patrón cíclico, con fases en las que el maltratador se muestra cariñoso y atento, seguidas de fases de abuso emocional. Esta conexión emocional intermitente produce gran desasosiego y confusión en la víctima, manteniéndola insegura constantemente respecto al amor de su pareja. Esto provoca la adicción al maltratador.

Tratamiento de silencio: Es otro de los métodos de manipulación de los psicópatas/nar-cisistas que consiste en cerrarse a la comunicación, durante horas, días, semanas. Si hay convivencia es el silencio, el ignorar a la pareja, si no hay convivencia es directamente la desaparición. Luego, como si nada hubiera pasado un buen día todo vuelve a la normalidad, por supuesto sin explicaciones ni disculpas.

Síndrome de Estocolmo: Se dice del vínculo traumático entre secuestradores y rehenes, en los cuales se alternan la amabilidad y el terror. Esto hace que los rehenes se vuelvan dependientes de sus captores tanto para sus necesidades emocionales como físicas. “El miedo es tan intenso que toda esperanza de supervivencia depende de complacer al criminal”.

La destrucción del sentido del yo: Impide a la víctima alejarse de su maltratador. Puede culparse a sí misma en vez de al maltratador, considerar que hay algo defectuoso en ella y que es ella quien debe cambiar y no él. La depresión le impide pensar soluciones efectivas, la baja autoestima y constante autocrítica le hace dudar de su capacidad para sobrevivir por sí misma. La destrucción del yo que conlleva el abuso le impide romper la relación. Sólo con pensar en dejar a su pareja puede tener incluso ataques de pánico.

Indefensión aprendida: La indefensión aprendida es un estado psicológico que se mani-fiesta cuando una persona comienza a sentir que es incapaz de modificar una situación, comportamiento o estado, mediante sus conductas o actos. O sea, siente que haga lo que haga, no hay remedio, nada cambiará. Así, el patrón de la persona ante la adversidad queda limitado a la paralización, bloqueo, evitación o simplemente el no afrontamiento.

Trastorno de Estrés postraumático: El abuso emocional o físico puede llegar a generar un trastorno de estrés postraumático, con síntomas como pesadillas, pensamientos intrusivos, flashbacks, problemas para dormir y concentrarse y amnesia. Los recuerdos de sucesos de abuso aparecen en su mente como intrusos, repitiéndose una y otra vez. A veces son tan vívidos e intensos que parece que los estuviera viviendo de nuevo (flashbacks).

También son frecuentes los síntomas somáticos como dolores de cabeza, trastornos del aparato digestivo o problemas del aparato respiratorio, como asma o bronquitis.

Las víctimas llegan a interiorizar la visión negativa que transmite el maltratador, viéndose a sí mismas como despreciables. Todos sus intentos por defenderse o escapar son inútiles porque el maltratador reacciona negando la responsabilidad, culpando a la víctima y degra-dándola o con más amenazas, hasta que se rinde sintiéndose confusa y agotada. A veces, en los casos de abusos más graves y ritualistas, las víctimas pueden llegar a atacar o matar a su maltratador, muchas veces en un estado de gran agitación y pánico o incluso cometer suicidio.

CONDUCTAS DEL PSICÓPATA SUBCLÍNICO HACIA SU PAREJA

En relación a la violencia en la pareja y sus diferentes manifestaciones (física, psicoló-gica, emocional, económica, sexual) ya hay conductas que se muestran en la etapa de noviazgo. Las parejas psicopáticas son incapaces de proporcionan una relación íntima basa-da en el respeto, el amor, el compromiso y la fidelidad siendo mucho más frecuente la vio-lencia psicológica que la física. Las relaciones de pareja de los narcisistas/psicópatas sub-clínicos se centran básicamente en mentiras, infidelidades, manipulación e interacción coactiva de diversa índole, lo que hace pensar que las relaciones íntimas con este tipo de sujetos, generan un gran sufrimiento en sus víctimas. Los psicópatas subclínicos agreden psicológica o emocionalmente con la finalidad de ejercer control y poder sobre la víctima puesto que perciben que es una de las maneras más sencillas de aprovecharse de ellas y de obtener beneficio.

Las conductas habituales de maltrato psicológico del psicópata subclínico a su pareja son las que se explicitan a continuación, basándonos en los mecanismos encubiertos y manifies-tos de Asensi:

Mecanismos encubiertos y manifiestos de abuso emocional según L.Asensi (2008)

Mecanismos encubiertos

  • Descalificar
  • Negar
  • Proyectar/acusar
  • Desmentir el abuso por parte del abusador
  • Connotar negativamente
  • Amenazas sutilmente con abandono física o emocionalmente

Mecanismos manifiestos

  • Despreciar
  • Gritar
  • Insultar o expresar malas palabras
  • Criticar
  • Ordenar
  • Mostrar malhumor
  • Negar y retener afecto
  • Ignorar
  • Aislar a la víctima de sus familiares y amigos
  • Monitorear el tiempo y las actividades de la víctima
  • Intentar restringir sus recursos (finanzas, teléfono, etc.)
  • Interferir con oportunidades (trabajo, atención médica, educación,etc.)
  • Acusar a la víctima de estar involucrada en conductas repetidas o intencionalmente dañinas.
  • Tirar objetos, no necesariamente hacia la víctima.
  • Golpear objetos, dar portazos.
  • Ridiculizar a la víctima
  • Expresar asco hacia la víctima
  • Amenazar con dejarla (física o emocionalmente)
  • Expresar celos excesivos
  • Amenazar la vida, las mascotas, la familia o la propiedad de la víctima
  • Exponer a la víctima a escenas de abuso hacia sus hijos, sus padres, sus mascotas, etc.
  • Obligar a la víctima a que realice acciones ilegales
  • Provocar a la víctima para que se defienda

Se pueden incluir, además:

    • Humillaciones y desprecio: deja de hablar a la víctima o desaparece sin dar explicaciones. Llega tarde, se burla, utiliza lo que conoce de la vida de la víctima para hacerle reproches y se muestra seductor con otras personas delante de ella para hacerle un daño emocional intenso y continuado.
    • Descalificaciones o ridiculizaciones tanto en público como en privado.
    • Intentos de control y aislamiento: quiere saber todo lo que hace su pareja, exige explicaciones por todo, lanza prohibiciones y amenazas, impone reglas, pretende que no tenga secretos y critica a las personas con las que se relaciona la víctima. En algunos casos el control llega a ser tan extremo que llegan a aislar a la víctima de amigos y familiares. Estaríamos ante una actitud de coerción e intimidación.
    • Aislamiento social y económico.
    • Destrucción o daños a propiedades valoradas por la victima.
    • Agresividad manifiesta y encubierta: muestra enfado frecuentemente y es agresivo verbalmente.
    • Manipulación: pone trampas para ver si la víctima miente o la prueba para ver hasta qué punto le quiere.
    • Negación de los errores y culpabilización externa: no pide disculpas y si lo hace en realidad no lo siente, puesto que volverá a hacerlo. Se niega a discutir las cosas que preocupan a la víctima culpabilizándola de la situación. Cuando culpan a los demás se auto victimizan intentando con ello desviar la atención hacia el comportamiento de su víctima a la que intentan hacer ver ante los demás como una persona mentirosa y con claros problemas o incluso acusarlas de llevar una doble vida.
    • Ausencia total de escrúpulos: lanzan acusaciones contra su pareja a personas del entorno de ambos, lo que no les supone ninguna vergüenza o reparo.
    • Vida sexual impersonal o poco integrada: puede llegar a forzar a la pareja a mantener relaciones sexuales o incluso insistir y convencerla para que realice prácticas sexuales degradantes.
    • Fachada externa de buena apariencia: existen grandes discrepancias entre el comportamiento que muestran en público y el que mantienen en la vida privada.
    • Amenazas reiteradas de abandono, divorcio, etc.
    • Maltrato económico: control absoluto de los recursos económicos de la víctima.
    • Maltrato social: bloqueo social de la víctima, aislamiento de sus relaciones interpersonales y degradación de estas.

CONCLUSIONES

Las personalidades psicopáticas son mucho más habituales en nuestra sociedad de lo que parece y su efecto es más grave de lo que creemos puesto que no se limita a aquellas personas que se encuentran en centros penitenciarios cumpliendo condenas por ilícitos penales, sino que en muchas ocasiones se trata de personas cercanas que crean problemas cotidianos. La mayoría de estos sujetos están integrados totalmente en nuestra sociedad, en nuestro entorno y no son detectados a simple vista, lo que les hace aún más peligrosos para sus víctimas.

La psicopatía subclínica predomina en personas de alto estatus social, económico y profesional: políticos, empresarios, brókers, abogados. La mayoría de las dinámicas de relación de pareja que lleven a cabo este tipo de personas (hombres o mujeres) están orientadas a la selección de parejas a CORTO PLAZO, a crear un ambiente de relación volátil y a maltratar psicológicamente a sus parejas siempre que esta relación perdure, aunque les serán infieles. Son incapaces de mantener un compromiso porque la fidelidad, el respeto y el amor no tienen para ellos ni valor ni significado. Son emociones que cognitivamente entienden desde el punto de vista social, pero son incapaces de sentirlas y de llevarlas a la práctica, lo que hace que el sufrimiento de sus víctimas sea agónico e invisible a los ojos de las personas que las rodean.

Cómo defenderse de un psicópata o maltratador

La relación entre maltrato y psicopatía es relativamente elevada y esta coincidencia es muy frecuente en los casos de violencia de género. Aunque existen maltratadores que no son psicópatas, lo que sí es prácticamente seguro es que en el caso de psicopatías vamos a encontrar maltrato, especialmente en la familia nuclear, en la ascendente o en relaciones de pareja. Las investigaciones arrojan el dato de que entre un 1% y un 3% de la población son psicópatas, y entre 20 y 40 por ciento de los agresores físicos de mujeres son psicópatas (Vicente Garrido; Amores que matan; 2001).  También existen mujeres psicópatas, no solo varones, y el número va en aumento.

Cuando el maltratador es un psicópata, gracias a su inteligencia normal o incluso por encima de la media, puede manipular y explotar a la víctima de forma que el abuso físico y/o psicológico pase desapercibido para los demás e incluso para la persona maltratada que puede sentirse confundida en una especie de síndrome de Estocolmo como el que se da en personas secuestradas. El maltrato psicológico es más sutil y menos visible, aumentando en intensidad y frecuencia a medida que el psicópata o maltratador se siente más seguro, con más control sobre la relación.

En una primera fase de contacto, la víctima se considera afortunada ante los encantos y atenciones del psicópata y no se percata de los rasgos más peligrosos sencillamente porque los ocultó bajo una máscara de persona normal o incluso humanitaria; sólo cuando éste ya se siente con el control, muestra su verdadero rostro. Es probable que la víctima ya haya adquirido ciertos compromisos con el psicópata (matrimonio, hijos, negocios e incluso mascotas pueden crear un lazo más difícil de romper), o que dependa económicamente de éste, lo que la disuade de protegerse y alejarse. Al principio, no suele haber agresiones físicas, y si maltrato psicológico  en forma de humillaciones, descalificaciones o insultos, desprecio; todo destinado a la dominación y control absoluto de la víctima, ya que las per-sonas con rasgos psicopáticos necesitan sentirse ganadores, con poder sobre las personas a las que en realidad considera objetos para utilizar en su beneficio, por lo que si consigue la obediencia de alguien de forma no violenta,  no suele arriesgarse a mostrarse con toda la crueldad de la que es capaz, y mucho menos exponerse a un arresto o procedimiento judicial.

Entre los rasgos de personalidad o patologías presentes con más frecuencia en maltra-tadores encontramos:

* Trastorno narcisista de la personalidad (grandiosidad, necesidad de admiración, tendencia a la explotación de los demás y falta de empatía)

* Trastorno disocial de la personalidad (CIE-10) Este es el que describe mejor la persona-lidad del psicópata: (desprecio de los derechos de los demás y falta de empatía, no respeto de las normas sociales, deshonestidad, impulsividad, incapacidad para sentir culpa o remordimientos, irresponsabilidad, incapacidad para mantener relaciones personales duraderas, muy baja tolerancia a la frustración y bajo umbral para descargar agresividad, dando incluso lugar a comportamientos violentos)

* Trastorno paranoide de la personalidad (desconfianza, rencor, susceptibilidad, celos)

* Adicción al alcohol u otras sustancias

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EL IMPACTO DE LAS PERSONALIDADES DE LA TRIADA OSCURA EN LAS ORGANIZACIONES, EMPRESAS Y ORGANISMOS DEL ESTADO

¿Son los corruptos unos psicópatas?

Se piensa en la corrupción como una mezcla de acciones en la que pervertir, depravar, so-

bornar, y dañar, conforman un modus operandi muy proclive a manifestarse en los ámbitos po-

líticos, empresariales y financieros, aunque también se exprese en otros tan dispares como son

el religioso, académico, medios de comunicación, siempre con un denominador común: Los

individuos corruptos tienden abiertamente a abusar de su poder para obtener beneficios per-

sonales en perjuicio del interés colectivo

¿Que es la corrupción?

Definir la corrupción puede ser relativamente sencillo, si se la contempla como una trans-

gresión intencionada de las normas con la finalidad de obtener beneficios privados. Esto suce-

de a través de sobornos a cargos públicos (por ejemplo, conseguir contratos o poder edificar

donde antes era imposible), fraude fiscal, evasión ilegal de divisas, impago de impuestos, con-

tabilidades en “b” a expensas de dinero opaco al fisco y un sin fin de tejemanejes que descono-

cen los límites que impone la ética mas elemental.

Acostumbrarse a la corrupción

Conforme la corrupción va extendiendo sus tentáculos en los organismos públicos, la tendencia sociológica de la población es la de aceptarla como algo ‘normalizado’ e inhe-rente a la idiosincrasia de ciertos grupos de poder. La consecuencia a nivel individual se plasma en una desensibilización de la ciudadanía a ser solidaria y contributivas conforme se siente engañada por los políticos y el Estado al percibir la aparente impunidad que se le confiere a quienes delinquen a gran escala.

La consecuencia es una falta de conciencia y una desmotivación social para pagar im-puestos, al interiorizarse en cada contribuyente la percepción de que defraudar puede ser lícito y aceptable.

Factores que propician la corrupción

Hay factores que propician tanto la corrupción como la indulgencia social hacia la misma como, por ejemplo, la identificación del éxito con el dinero.

Otro factor sería la prevalencia de la moral heterónoma sobre la moral autónoma, es decir, la proclividad a cumplir las leyes sólo por miedo al castigo pero no por un respeto interiorizado a las mismas.

Influye también como predisponente la falta de conciencia por parte de la población de que los bienes públicos que aseguran el bienestar social, no surgen por generación espon-tánea sino a través del pago de los preceptivos impuestos.

Si a todo esto añadimos que, en ocasiones, la justicia la dictan los mismos políticos co-rruptos, la sensación de que sus actos quedarán impunes al castigo es desalentadora. .

Perfil psicológico del corrupto

Desde una perspectiva psicopatológica, el corrupto es un individuo que, sistema-ticamente, ignora al “otro” y prescinde de los valores éticos, morales y cívicos que garan-tizan la equidad en la convivencia.

Su modus operandi responde únicamente a pulsiones encaminadas a satisfacer su ego, su sed de poder y sólo llegan a frenar sus impulsos (y a respetar las normas) por temor a las sanciones, represalias.

Otra singularidad del corrupto es su irresponsable sensación de invulnerabilidad, una representación mental que les hace creer que sus acciones pasarán desapercibidas y nunca serán juzgados ni condenadas. Al creerse inmunes e invencibles, los corruptos descartan las consecuencias negativas de sus actuaciones y esto les lleva a ser temerarios, jactarse de sus actividades ilícitas y mantenerse en sus puestos por su patológica negativa a reconocer jamás sus delitos por muy palmarias que sean las pruebas que los inculpan.

Psicopatológicamente, podemos englobar a los corruptos en dos grandes grupos:

– el corrupto narcisista (están convencidos de que son superiores, necesitan ser admirados y carecen de empatía para conectar emocionalmente con los demás), y

– el corrupto antisocial (sienten necesidad de mostrar superioridad, son manipuladores, violan sistemáticamente los derechos del otro y son propensos a actos delictivos).

¿El corrupto es un psicópata?

Una vez expuestas las singularidades que definen la corrupción y conocidos los rasgos que perfilan al individuo corrupto, llama poderosamente la atención que son muchas las características que éstos comparten con los psicópatas.

Definamos previamente a los psicópatas como unos individuos depravados moralmente con una deficiencia en el control de sus emociones e impulsos, nula adaptación a las normas éticas y sociales, tendencia a la violencia planificada, inteligencia, carencia de emociones y carencia de ansiedad y por tanto de temor.

¿Qué hacer para acabar con la corrupción en política y/o la impunidad del político corrup-to?

1-Revisar los conceptos y valores que rigen en nuestro organigrama social. La corrupción es consecuencia de una relajación en el cumplimiento de las normas, una crisis de valores y una regresión en la estructura social.

2-Ser exigentes con los partidos y con los políticos que muestren tibieza ante casos de corrupción en sus filas y rechazar la tendencia partidista de proteger a los propios militantes cuando recaen sobre ellos indicios de corrupción.

3-Revisar exhaustivamente el sistema de financiación de los partidos políticos y hacer controles financieros encomendados a comisiones objetivas e imparciales independientes del gobierno.

4-Propiciar una mayor independencia judicial y una justicia más rápida.

5-Modificar la ley electoral dirigida a confeccionar listas abiertas que penalicen a los presuntos corrupto, e incluso instaurar el voto negativo, un voto que no suma sino que resta a quien lo recibe y que, sin duda, reduciría el absentismo.

6-Una mayor transparencia como elemento imprescindible en una sociedad que, como la nuestra, necesita erradicar la plaga de la corrupción que afecta a reyes y villanos, gobernantes y gobernados, hombres de Dios y hombres dejados de la mano de Dios, todo en medio de un tinglado donde nadie dimite ni reconoce su culpa; donde presuntos implicados e imputados siguen ocupando sus escaños por muy contundentes que sean los indicios que sobre ellos recaen y –lo que es muy alarmante– al amparo de sus respectivos partidos que se sienten atados de pies y manos para cesarles por miedo a las consecuencias.

Asistimos impávidos a una farsa en la que los políticos y los dirigentes corruptos mienten y se contradicen por sistema; carecen de vergüenza y de escrúpulos en sus comparecen-cias y actuaciones; se muestran fríos, serenos y mesurados cuanto más graves son las situa-ciones en que se ven implicados; faltan el respeto a quienes les votan y les hacen creer que empatizan con sus necesidades cuando, en realidad, sólo buscan satisfacer sus pulsiones de poder.

Si consideramos que los rasgos descritos en este colofón se dan tanto en los corruptos como en el perfil psicológico de los psicópatas, cada cual debería sacar sus propias conclusiones y obrar en consecuencia.

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